{"id":3373,"date":"2018-03-20T17:22:52","date_gmt":"2018-03-20T17:22:52","guid":{"rendered":"http:\/\/laymert.com.br\/la-experiencia-pura\/"},"modified":"2022-08-29T11:20:18","modified_gmt":"2022-08-29T14:20:18","slug":"la-experiencia-pura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laymert.com.br\/es\/la-experiencia-pura\/","title":{"rendered":"La experiencia pura"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\">[vc_row full_height=\u00bbyes\u00bb min_height=\u00bb600px\u00bb][vc_column][vc_single_image image=\u00bb3201&#8243; alignment=\u00bbcenter\u00bb][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"vcex-spacing wpex-w-100 wpex-clear\"><\/div>[vc_column_text]\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre una sala en \u201cAmaz\u00f4nicas\u201d, en el Instituto Cultural Ita\u00fa (San Pablo), y otra en la 24\u00aa Bienal de San Pablo (en octubre), Claudia Andujar abre, hoy, \u201cYanomami\u201d, una gran muestra en la 2\u00aa Bienal Internacional de Fotograf\u00eda de Curitiba. Con esas tres exposiciones se explicita la grandeza y la complejidad de una obra \u2013 a punto de poder decirse que 1998 debe inscribir su nombre en el arte contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Conviviendo con los yanomami, porque con ellos comprometi\u00f3 su vida desde los a\u00f1os 1970, Claudia Andujar constituy\u00f3 un acervo de millares de im\u00e1genes, en las cuales se fijaron el descubrimiento de un pueblo y, con \u00e9l, la posibilidad de redescubrimiento del mundo. Ahora su fot\u00f3grafa extrajo para esta exposici\u00f3n una serie de fotos realizadas entre 1972 y 1976, tambi\u00e9n publicadas en libro. La serie se presenta como tres movimientos que restituyen el sentido del descubrimiento y del redescubrimiento, al reactivar aquello que fue una \u201cexperiencia pura\u201d. \u201cEl campo instant\u00e1neo del presente\u201d, escribe William James, \u201ces siempre la experiencia en estado &#8216;puro&#8217;\u201d <sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"font-size: 12px;\"><sup>1<\/sup> En David Lapoujade, \u201cWilliam James \u2013 Empirisme et Pragmatisme\u201d, PUF, 1997, p\u00e1g. 24.<\/span><\/p>\n[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fotos de \u201cYanomami\u201d no muestran a los indios y su h\u00e1bitat, su cultura y sus rituales. Claudia Andujar no documenta, pero tampoco hace fotograf\u00eda \u201cde arte\u201d. Recus\u00e1ndose a tomar a los yanomami como objeto antropol\u00f3gico, period\u00edstico o art\u00edstico, recusando la relaci\u00f3n sujeto-objeto misma, la fot\u00f3grafa fue al encuentro del otro. Y, si sus fotos son de una precisi\u00f3n rara y de una belleza \u00fanica, eso se debe a la naturaleza misma del encuentro y del registro del acontecimiento. A su lado, las c\u00e9lebres fotograf\u00edas que Leni Riefenstahl2 hizo de los nuba empalidecen \u2013 fascinada con la belleza de ese pueblo africano, la cineasta reitera al esteta de Occidente en b\u00fasqueda de la forma ideal; por eso, sus im\u00e1genes impresionan pero no \u201ccon-mueven\u201d, como es el caso aqu\u00ed.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"font-size: 12px;\"><sup>2<\/sup> Ver Leni Riefenstahl, \u201cIl Ritmo di uno Sguardo\u201d, Leonardo Arte, 1996.<\/span><\/p>\n[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Si no hay documento ni \u201carte\u201d, \u00bfde qu\u00e9 se trata entonces? \u201cMi relaci\u00f3n con los yanomami, hilo conductor de mi trayectoria de fot\u00f3grafa y de vida, es esencialmente afectiva\u201d, dice Claudia Andujar. La observaci\u00f3n merece realce, pues provee la clave para la percepci\u00f3n de las im\u00e1genes como experiencia pura. Con efecto, si el espectador las recorre atento a las afecciones que contienen y provocan, ser\u00e1 absorbido por los movimientos que conducen sucesivamente a la artista a la casa, a la selva y a lo invisible.<\/p>\n<p>Tal serie obedece a una necesidad de aceleraci\u00f3n e intensificaci\u00f3n propia de la experiencia pura, que difiere absolutamente de nuestra experiencia com\u00fan de \u201cver im\u00e1genes\u201d. Como si el ritmo de producci\u00f3n y el orden de presentaci\u00f3n por medio de los cuales las im\u00e1genes se ofrecen hubieran sido m\u00e1gicamente contaminados, por contacto y contagio, por el tiempo m\u00edtico en que viven los yanomami.[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row min_height=\u00bb450px\u00bb][vc_column][vc_single_image image=\u00bb3203&#8243; alignment=\u00bbcenter\u00bb][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]\n<p style=\"text-align: justify;\">La exposici\u00f3n se abre con \u201cA Casa\u201d. Dice el cham\u00e1n: \u201cFue en esa primera casa que mi pensamiento despert\u00f3 y comenz\u00f3 a enderezarse. All\u00e1 empec\u00e9 a observar c\u00f3mo los antiguos hac\u00edan las cosas que Omama, que cre\u00f3 a los yanomami, les ense\u00f1\u00f3\u201d. El espectador se aproxima a la maloca y entra en ella de a poco. Arquitectura de luz y sombra, la casa se revela parad\u00f3jicamente como espacio abierto y cerrado, un universo micro-macroc\u00f3smico en el cual los seres humanos empiezan a surgir como materializaciones de una luz estelar que los trae del cielo al suelo. All\u00ed, en la gravedad y oscuridad de la tierra, los cuerpos van destac\u00e1ndose y los ni\u00f1os viniendo al mundo, imprecisos, casi improbables, como naciendo en y de la luz. De repente, una diferencia en la modulaci\u00f3n del movimiento introduce la extraordinaria foto del ni\u00f1o mitad luz, mitad sombra, cuyos contornos indecisos contrastan con la primera imagen n\u00edtida de un hombre yanomami, capturada en el instante en que su rostro se refleja en un espejo. A partir de ah\u00ed, surgen los hombres y las mujeres yanomami en su domesticidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cA casa\u201d es, por tanto, el espacio-tiempo del nacimiento, del venir a luz y de la vida en com\u00fan. El movimiento de la secuencia es literalmente el de una revelaci\u00f3n, que se da en dos niveles: por un lado, \u00e9sta afecta a la fot\u00f3grafa y al espectador como el descubrimiento de la existencia de otro universo; por otro, la revelaci\u00f3n despierta el pensamiento hacia el modo como la imagen misma de ese universo parece manifestarse. Ahora, tal movimiento de revelaci\u00f3n s\u00f3lo se torna visible porque incluso el acto de fotografiar es afectado: yendo al encuentro del otro, la fotograf\u00eda retorna a su propia inmanencia y se redescubre en cuanto impresi\u00f3n y fijaci\u00f3n de la luz; fotografiar vuelve a ser una operaci\u00f3n constitutiva de lo real haci\u00e9ndose imagen, y no la captura, por un sujeto, de la reflexi\u00f3n de un real ya dado\u00a0<sup>3<\/sup>.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"font-size: 12px;\"><sup>3<\/sup> En \u201cSur les Traces de Nadar\u201d, Rosalind Krauss escribe: \u201cLa luz, que es la forma de &#8216;escritura\u2019 propia de la fotograf\u00eda (\u2026)\u201d. En \u201cLe Photographique \u2013 Pour une Th\u00e9orie des Ecarts\u201d, Macula, 1990.<\/span><\/p>\n[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=\u00bb3213&#8243; alignment=\u00bbcenter\u00bb][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo movimiento, \u201cA Floresta\u201d, prolonga y profundiza el proceso desencadenado. Davi K. Yanomami punt\u00faa el pasaje: \u201cLos blancos creen que la \u2018naturaleza\u2019 es algo muerto, puesto en el suelo sin raz\u00f3n. Ellos se equivocan. (\u2026) Sabemos que ella vive, que tiene un soplo de vida muy largo, mucho mayor que el nuestro. (\u2026) Ella respira, incluso si ustedes no lo perciben (\u2026)\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desplaz\u00e1ndonos hacia la selva, el fot\u00f3grafo y el espectador se encuentran y se pierden en el espacio-tiempo yanomami, en medio de una naturaleza viva. Todo pasa como si hubi\u00e9ramos entrado en un v\u00f3rtice luminoso, sin que sin embargo sepamos si somos nosotros los que nos precipitamos o si es el mundo el que corre a nuestro encuentro. El hecho de ser imposible establecer la direcci\u00f3n del movimiento suscita una impresi\u00f3n de oscilaci\u00f3n que hace a la selva vibrar. En el vaiv\u00e9n del t\u00fanel de luz, como consecuencia de la pulsaci\u00f3n de la naturaleza, van ganando consistencia escenas de la vida en la selva: campamentos, redes, ni\u00f1os jugando, hombres cazando, mujeres ba\u00f1\u00e1ndose en los igarap\u00e9s, aves, plantas, plumas, animales. Son momentos memorables, aunque comunes, cualesquiera, momentos deslumbrantes y fragil\u00edsimos, recogidos como precarias im\u00e1genes de caleidoscopio que se forman por un instante y se deshacen enseguida, hechos y deshechos por la fuerza de un flujo inexorable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La frescura casi incre\u00edble de esas im\u00e1genes proviene de su car\u00e1cter ef\u00edmero. La sensaci\u00f3n de que las im\u00e1genes no duran ni pueden durar se impone porque Claudia Andujar parece no fotografiar la escena misma, sino su aparici\u00f3n e inminente desaparici\u00f3n. Renunciando a cualquier impulso de composici\u00f3n, la artista somete su c\u00e1mara al ritmo de composici\u00f3n de la naturaleza. Tal renuncia le permite captar con gran acuidad la relaci\u00f3n \u00edntima e \u00edntegra que los yanomami tienen con la selva: las fotos no muestran a los indios ni a la selva, ni a los indios en la selva, sino a una integraci\u00f3n indios-selva que resalta los intercambios intensos entre los humanos y el medio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer movimiento, \u201cO Invis\u00edvel\u201d, lleva al paroxismo a la experiencia pura. En \u00e9l es fotografiado el ritual cham\u00e1nico. El cham\u00e1n cuenta: \u201cCuando se toma por primera vez el polvo del \u00e1rbol \u2018y\u00e3ko\u00e3nahi\u2019, los esp\u00edritus \u2018xapirip\u00eb\u2019 empiezan a llegar hasta vos. Primero, se oyen de lejos sus cantos de alegr\u00eda, tenues como zumbidos de mosquitos. Despu\u00e9s, cuando los ojos est\u00e1n muriendo, se comienzan a ver luces centelleantes, que tiemblan en las alturas, venidas de todas las direcciones del cielo. De a poco los esp\u00edritus se revelan, avanzando y retrocediendo con pasos de danza muy lentos. (\u2026) Pero, de repente, armados con grandes \u2018espadas\u2019, parten al medio su columna vertebral. Cortan su cabeza y su lengua. Se siente entonces un dolor intenso y te desmay\u00e1s. Su envoltorio corporal queda en el suelo, pero los \u2018xapirip\u00eb\u2019 vuelan lejos, llevando las partes de su cuerpo inmaterial. (&#8230;) M\u00e1s tarde recomponen su cuerpo, pero al contrario: juntan la cabeza en el lugar del trasero y las piernas en el lugar de los brazos. Una vez girado al rev\u00e9s, pod\u00e9s responder a los esp\u00edritus e imitar sus cantos, pod\u00e9s ser un cham\u00e1n\u201d.<\/p>\n[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=\u00bb3218&#8243; alignment=\u00bbcenter\u00bb][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]\n<p style=\"text-align: justify;\">Es interesante notar que el tercer movimiento se titula \u201cO Invis\u00edvel\u201d, y no \u201cO Ritual\u201d. \u00a1Como si aqu\u00ed se tratara de fotografiar lo que no se ve! La ambici\u00f3n ser\u00eda desmedida si ya no estuvi\u00e9ramos embarcados en un proceso que hace mucho dej\u00f3 atr\u00e1s el registro del documento y de la fotograf\u00eda \u201cde arte\u201d. Se ve que Claudia Andujar no est\u00e1 interesada en el exotismo del ritual, sea para comprenderlo o para explorar su belleza \u201csalvaje\u201d. La artista se aproxima al ritual porque este expresa el coraz\u00f3n de la vida yanomami, que consiste precisamente en la relaci\u00f3n con lo invisible. As\u00ed, el foco no se vuelve hacia la materialidad del ritual, sino hacia la dimensi\u00f3n m\u00edtica que en \u00e9l se va a incorporar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esa secuencia, lo que se ve es lo que no se puede mirar. Para ello, es preciso tornar perceptible la realizaci\u00f3n del \u201cviaje\u201d cham\u00e1nico, no abiertamente, lo que ser\u00eda imposible, sino por medio de los \u00edndices que \u00e9l va dejando como trazos de las etapas cumplidas. Todo el tercer movimiento se caracterizar\u00e1 entonces por la resonancia del envoltorio corporal de lo que acontece en el cuerpo inmaterial y por la captaci\u00f3n propiamente afectiva de esa resonancia impactando en el cuerpo de la fot\u00f3grafa y su c\u00e1mara. Como si Claudia Andujar hubiera entrado en sinton\u00eda con los practicantes del ritual, pasando ella misma por un proceso de purificaci\u00f3n que la transforma y afecta la fotograf\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer movimiento se abre con la foto de un indio en la red, casi planeando en una atm\u00f3sfera evanescente. Su estado de abandono sugiere que los zumbidos de los cantos de los esp\u00edritus suenan en los o\u00eddos y que en sus ojos \u201cagonizantes\u201d ya despunta el centellear de las luces. A partir de ah\u00ed, proliferan las im\u00e1genes indicando la fiesta, el consumo de la bebida y del \u201cy\u00e3k\u00f5ana\u201d, los cantos, la danza. La intensidad de los gestos se acent\u00faa, las energ\u00edas se expanden, un clima de trance va ganando los cuerpos \u2013se ve que los indios est\u00e1n entregados a las alucinaciones y pr\u00e1cticas cham\u00e1nicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Envuelto por las fuerzas que parecen desprenderse de esos cuerpos y electrizar el espacio entero, el espectador impactado no encuentra la distancia que le asegurar\u00eda el papel del voyeur; muy al contrario, acometido por el ritmo fren\u00e9tico que asalta a las im\u00e1genes, comparte con la fot\u00f3grafa su inserci\u00f3n singular en ese espacio-tiempo convulsionado. De foto en foto, el c\u00famulo de descargas intensivas nos lleva a creer que, si los yanomami ven a los esp\u00edritus, nosotros mismos pasamos a verlos como esp\u00edritus tomados \u2013 y, conmovidos, sentimos el eco de su exaltaci\u00f3n y de la plenitud de la gracia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para entender la naturaleza de la obra de Claudia Andujar dentro del arte contempor\u00e1neo vale la pena evocar la de Joseph Beuys. Piloto de la Luftwaffe hasta que su avi\u00f3n cay\u00f3 en 1943 en Crimea, Beuys, gravemente herido, fue socorrido por los t\u00e1rtaros y tratado por sus chamanes. El episodio fue decisivo en su vida, en su opci\u00f3n por el trabajo art\u00edstico y en su propia concepci\u00f3n del arte, que \u00e9l fund\u00eda con la vida <sup>4<\/sup>. Como el artista alem\u00e1n, Claudia Andujar tambi\u00e9n encuentra a los yanomami en la condici\u00f3n de sobrevivientes de un desastre. Jud\u00eda, tuviera a su padre y a toda la familia paterna exterminados en los campos de concentraci\u00f3n. M\u00e1s que un simple trauma, Auschwitz tuvo un impacto devastador en la sensibilidad y en la consciencia contempor\u00e1neas, que Primo Levi dolorosamente apunt\u00f3 y a\u00fan no fue totalmente comprendido por nosotros. Era esa herencia familiar e hist\u00f3rica la que Claudia Andujar tra\u00eda consigo cuando encontr\u00f3 a los yanomami. Y, as\u00ed como Beuys vio su vida salvada por los t\u00e1rtaros, tambi\u00e9n ella fue \u201ccurada\u201d por los indios: con los yanomami se abr\u00eda la posibilidad efectiva de volver a creer en la humanidad. Ahora, ese buen encuentro decisivo estructura el eje de su trabajo y de su vida y transpira en todas las fotos, bien como en su incansable lucha en favor de los yanomami.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\"><span style=\"font-size: 12px;\"><sup>4<\/sup> Para su concepto ampliado de arte, ver Clara Bodenmann-Ritter, \u201cJoseph Beuys \u2013 Cada Hombre, un Artista\u201d, Visor, 1995.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobreviviente de un genocidio, la artista comprendi\u00f3 que los propios yanomami estaban amenazados de genocidio, en medio de la indiferencia general de la sociedad brasile\u00f1a. Se comprometi\u00f3 entonces con la lucha en su defensa, al frente de la Comisi\u00f3n por la Creaci\u00f3n del Parque Yanomami (CCPY), que tuvo un papel crucial en la demarcaci\u00f3n del territorio en 1992. Se suele disociar su fotograf\u00eda de la lucha; a mi entender, sin embargo, hay coherencia entre las dos actividades, por no haber separaci\u00f3n entre arte y vida. En ese sentido, la creaci\u00f3n del territorio yanomami puede ser vista como una ampliaci\u00f3n radical del concepto de \u201cland art\u201d, por sus implicaciones, su dimensi\u00f3n (192 mil km2) y su potencia de producci\u00f3n de sentido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me explico: quien sobrevuela sus inmensas selvas y su constelaci\u00f3n de malocas se da cuenta de que \u201curihi\u201d, la tierra-selva yanomami, ya exist\u00eda para los indios; pero fue preciso tornarla visible a nuestro entendimiento, expresarla en el referencial de nuestro mundo, concretizarla para los otros pueblos, materializarla en mapas, l\u00edneas, marcos, im\u00e1genes, signos, fotograf\u00edas \u2013en una palabra: fue preciso crearla, antes de que el sistema jur\u00eddico-institucional la refrendara, e incluso para que la reconociera. Invenci\u00f3n contempor\u00e1nea, obra de arte colectiva, el territorio yanomami encontr\u00f3 en Andujar uno de sus principales art\u00edfices.<\/p>\n[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=\u00bb3216&#8243; alignment=\u00bbcenter\u00bb][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"vcex-spacing wpex-w-100 wpex-clear\"><\/div><div class=\"vcex-module vcex-divider vcex-divider-solid vcex-divider-center wpex-mx-auto wpex-block wpex-h-0 wpex-border-b wpex-border-solid wpex-border-main\"><\/div><div class=\"vcex-spacing wpex-w-100 wpex-clear\"><\/div>[vc_column_text]\n<h5>Publicado in<\/h5>\n<p>Folha de S\u00e3o Paulo, domingo, 16 de agosto de 1998.<\/p>\n<h5>Traducido por\u00a0<span class=\"s1\"><b>Cecilia Diaz Isenrath<\/b><\/span><\/h5>\n<h5>Im\u00e1genes en el post<\/h5>\n<h5>Serie \u201cA casa\u201d \u2013 primera y segunda<\/h5>\n<h5>Serie \u201cA floresta\u201d\u2013 tercera<\/h5>\n<h5>Serie \u201cO invis\u00edvel\u201d \u2013 cuarta y quinta<\/h5>\n[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row full_height=\u00bbyes\u00bb min_height=\u00bb600px\u00bb][vc_column][vc_single_image image=\u00bb3201&#8243; alignment=\u00bbcenter\u00bb][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text] Entre una sala en \u201cAmaz\u00f4nicas\u201d, en el Instituto Cultural Ita\u00fa (San Pablo), y otra en la 24\u00aa Bienal de San Pablo (en octubre), Claudia Andujar abre, hoy, \u201cYanomami\u201d, una gran muestra en la 2\u00aa Bienal Internacional de Fotograf\u00eda de Curitiba. 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